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Histoires globales, voix locales

Por Vivian Lofiego

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Una misteriosa mujer vaga por la Tierra. Se dice que era una de las mortales que conocía los verbos y alfabetos antiguos.

Algunas noches vemos a través de la ventana del dormitorio principal a la dama de la capa roja flotando solitaria sobre las copas de los árboles. ¿Estaremos dormidos y por ende la soñamos o realmente es ella recortada en el paisaje?

El viento sin esfuerzo, suave la mecía y la capa flotaba como una nube. Su capa de terciopelo rojo envolvía su figura. La capucha albergaba un rostro que probablemente fue hermoso. No debíamos mirar los objetos que llevaba en su faz eran muy extraños: un talismán, un arranca corazones, un termómetro para fiebre de quimera. Llevaba también delgadas y finas hojas para cortar en profundidad cáscaras duras y blandas de su piel de alabastro.

Nosotros no hablábamos en esos momentos, temíamos respirar y romper aquella imagen tan cercana al hechizo, quedándonos suspendidos a la merced de su paso alado.

Aquella silueta de gran belleza desfilaba como si fuera una hilera de flamencos rosados en un desierto de sal. Dicen que existieron desiertos de arena dorada, de arena blanca, de piedra. Allí, estos pájaros que imitaban a esbeltas bailarinas, iban a bañarse, estirando sus finas patas entre los granitos espesos de los blancos salitres y unidos se confesaban -armando danzas barrocas- todo lo que habían visto por los sitios por donde habían volado. 

Nos quedábamos dormidos al alba, ¿pero dormíamos? Dejábamos de emitir pensamientos, ideas, dejábamos de crecer a toda velocidad o crecíamos de un modo lento, lentísimo. Ya no éramos las liebres rápidas que hacían carreras en los jardínes de Marzo.

Nosotros no tenemos ese tipo de pensamiento. Creo que no sabemos pensar, nosotros vemos recorrer acciones que nos provocan estímulos. La realidad se desliza movediza sin fijarse en ninguna parte. Parece que en la época de la dama de la capa roja era distinto. Existía el sentir, las experiencias de los humanos pasaban por sutiles y complejas redes. Si algo les provocaba dolor: sufrían, si algo les provocaba placer: sonreían y se sentían satisfechos. Existía un antiguo verbo en el lenguaje de los mortales: amar. Parece ser que era un complicado sistema de sensaciones, donde el placer, el dolor, la alegría y la tristeza, se mezclaban y hacían que los seres anduvieran pendientes los unos de los otros. El llamado sentimiento amoroso era un acontecimiento muy extraño, dependía del azar, de la química entre ellos, de que pudieran encontrarse, que pudieran mirarse a los ojos y que surgiera una suerte de chispa o de corriente eléctrica que determinaba que podrían sentir algo que fuera correspondido. Parece ser que este tema fue universal, que en todas las culturas existió, que pasaron por épocas y modas distintas, que tuvieron ídolos, es decir gente que fue inmortalizada por haber vivido este raro sentimiento. 

Nosotros no tenemos ese tipo de pensamiento. Creo que no sabemos pensar, nosotros vemos recorrer acciones que nos provocan estímulos. La realidad se desliza movediza sin fijarse en ninguna parte. Parece que en la época de la dama de la capa roja era distinto. Existía el sentir, las experiencias de los humanos pasaban por sutiles y complejas redes. Si algo les provocaba dolor: sufrían, si algo les provocaba placer: sonreían y se sentían satisfechos. Existía un antiguo verbo en el lenguaje de los mortales: amar. Parece ser que era un complicado sistema de sensaciones, donde el placer, el dolor, la alegría y la tristeza, se mezclaban y hacían que los seres anduvieran pendientes los unos de los otros. El llamado sentimiento amoroso era un acontecimiento muy extraño, dependía del azar, de la química entre ellos, de que pudieran encontrarse, que pudieran mirarse a los ojos y que surgiera una suerte de chispa o de corriente eléctrica que determinaba que podrían sentir algo que fuera correspondido. Parece ser que este tema fue universal, que en todas las culturas existió, que pasaron por épocas y modas distintas, que tuvieron ídolos, es decir gente que fue inmortalizada por haber vivido este raro sentimiento.

En otra área, calificada como música hubo un tal Mozart, un tal Bach y de otro, llamado Wagner, se habló en varias lenguas de su Tristán e Isolda: dos amantes, según como estaba expresado en su terminología, que sufrieron tragicamente.

Después hemos repertoriado unos escritos de un doctor llamado Lacan. A este doctor, lo antecedía un neurólogo, un tal Freud inventor del psicoanálisis. Lacan definía al amor como algo referencial a un objeto a, el inalcanzable deseo

La dama de rojo fue una de las mortales que conoció el antiguo verbo y la “A” la escribieron con mayúscula.

Los que vivieron aquí tambien como tuvieron amor, tuvieron a su antagonista: el odio. Pero nos prohiben hablar en lo que a este concierne. 

Las casas son muy amplias y tienen enormes ventanales, los parques son azules, la vegetación es muy delicada y escasa. Las piedras decoran la mayoría de los paisajes. Nuestros muebles están hechos en piedra y los que reinan en el planeta, ellos, poseen reliquias de los antiguos mortales, muebles tallados en maderas de colores, alfombras de antiguas civilizaciones, cuadros con enormes girasoles, otros con raras señoras acunando niños y sonriendo melancólicamente. Algunos desnudos, de cuerpos blancos, acompañados de adminículos que no podríamos calificar porque no estamos capacitados aún para reconocerlos. 

Pocos saben que nosotros vemos a la dama de rojo. Se dice que, cuando los seres humanos desaparecieron alguno de ellos quedó atrapado en el laboratorio de un doctor llamado Assimovich. Él quería preservar a estos individuos que en general eran melancólicos, irascibles, desordenados y por ello fueron arruinando a través de milenios su propio hábitat. La palabra “guerra” aparece en muchos libros, “paz”, muy poca veces. Encontramos un libro que reune a ámbas: “Guerra y paz”. ¿Sería posible entonces?

A la dama de rojo, Assimovich le quiso arrancar el alma, una sustancia invisible que junto al cuerpo y la psiqué animaban a estos seres. La dama huyó despavorida buscando a su amado para escaparse junto a él. Parece ser que fueron muchos los movimientos de los planetas, que anduvo y anduvo y poco a poco se fue desmaterializando, su amado había desaparecido. Estaba programada para ser una máquina y nadie podía detenerla en su peregrinaje por aquellos paisajes agrisados, tristes, desprovistos de todo el colorido que muestran los cuadros. Aquellas naturalezas, así las llamaban, estaban desnudas, secas, fantasmales. Ululaban siguiendo a la dama que pasaba incorpórea, sin sentimientos, solo andaba deambulando con su capa de terciopelo y con esos instrumentos que la redujeron a ser un ente fantástico.

Si la vemos es porque hemos aprendido de la vida de aquellos habitantes. A su modo ella nos habla. A veces su capucha se inclina muy suavemente como si nos saludara. 

Nosotros estudiamos lenguas variadas, signos herméticos como es la lectura de alfabetos, en cientos de ellos hay sentidos que son idénticos. Por ejemplo, llamaban vida a la existencia, muerte al final de esa existencia; alimento a lo que comían para poder existir, agua a un líquido que se fue agotando. Las naturalezas diversas se secaron. También tenían esas palabras: amor, odio, compasión, piedad, empatía, dolor; nos ha llevado tiempo identificarlas. Supimos que provenían de fuentes antiguas, de algunos que eran filósofos, otros maestros, y otros discípulos.

Cuando el viento es fuerte, nuestra dama sobrevuela la casa, su capa se enreda a veces y nos observa a través del arranca corazones. Creemos que aquí vivió.

Ella es quien quedó, los otros no sobrevivieron. Entendimos que la palabra amor u objeto “a”, había desaparecido de sus vidas y el desasosiego los invadió, el planeta se destruyó y con él su alfabeto, sus colores, sus sabores. Pero a ella, no. Es tan larga la lista de lo que ya no hay…

Hemos decidido dejarla con nosotros y no avisar a nadie. Tal vez un día llegaremos a conocer detalles exhaustivos de su historia, acaso alguna vez se detenga y se convierta en una de esas bellas y coloridas flores que adornaban a estos jardines o en una rara especie llamada: psyché, papillon, mariposa

No te pierdes los próximos frictions...!

Sobre el autor

Vivian Lofiego
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Vivian Lofiego es una escritora y traductora franco-argentina. Vive en Buenos Aires. Sus últimas publicaciones: La sangre de las mariposas (novela). La Vie secrète. Os de seiche (poesía). Denis Salas, Albert Camus : la juste révolte. (traducción).